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El arte urbano como crítica social y política
La lucha por la libertad artística en el espacio público frente a la censura y los límites actuales

Mural sobre la memoria histórica de Elías Taño en Fanzara. Fuente: Elaboración propia
Desde su origen como grafiti callejero en las calles de Nueva York de los años 70, el arte urbano ha atravesado décadas de transformación hasta consolidarse como una herramienta de expresión social y cultural. Hoy en día, el street art ya no es solo una cuestión estética sino que se ha convertido en una herramienta política, una forma de intervención en el espacio público y una manera de contar historias desde los márgenes de la sociedad. Aunque los grafitis han sido asociados al vandalismo a lo largo de los años, el arte urbano más actual es una práctica artística capaz de denunciar injusticias, recuperar memorias colectivas y dar voz a los problemas sociales.
Esta forma de expresión ha ido ganando fuerza y reconocimiento a través de iniciativas que acercan el arte a la ciudadanía en el espacio público, integrándose en el día a día de barrios y ciudades. En los premios Street Art Cities 2024, España –además de hacerse con el primer puesto con la obra Charanguista Andino de Cristóbal Persona– aportó el 28% (16 de 57) de los murales nominados a mejor mural del mundo (16 de 57), liderando la lista internacional por encima de Italia (14%) y Francia (9%). Este auge del street art también lo podemos ver reflejado en la aparición de festivales de arte urbano como Asalto en Zaragoza, Paredes Fest en Oviedo, Poliniza Dos en València o Desordes Creativas en Galicia. La mayoría de estos proyectos, lejos de limitarse a lo decorativo, buscan generar un diálogo, fomentar la participación vecinal o resignificar los espacios.
MIAU Fanzara: arte y resistencia
En la provincia de Castelló, el Museo Inacabado de Arte Urbano (MIAU) ha convertido a Fanzara —un pequeño pueblo de apenas 300 habitantes— en un auténtico museo al aire libre. Actualmente, sus calles albergan más de 160 murales creados por 107 artistas nacionales e internacionales.
Mapa interactivo de la Ruta de Grafitis de Fanzara. Fuente: Elaboración propia
Lo que nació en 2014 como una respuesta ciudadana contra la instalación de un vertedero en Fanzara, acabó dando lugar a un festival que ha transformado por completo la identidad del pueblo. Cada verano distintos artistas se acercan al pueblo y conviven con los vecinos que posteriormente les ceden sus fachadas para plasmar su arte. “La idea es que vengan aquí y que antes de empezar a pintar, vean el pueblo, convivan, en fin, bajo su propia experiencia”, explica Javier López, responsable del MIAU. De esta forma, el proyecto ha conseguido involucrar activamente a la comunidad y atraer cada año a más visitantes.
Sin embargo, esta propuesta creativa no ha estado exenta de tensiones. En 2023, el festival se vio envuelto en un episodio de censura cuando el Ayuntamiento pidió retirar un mural del artista Elías Taño tras quejas vecinales por su contenido. “Nos pidieron que lo tapáramos porque decían que hería sensibilidades”, relata López. El contenido del mural, según explica, estaba vinculado a la historia personal de un vecino del pueblo: “Lo que buscó Taño fue pintar algo relacionado con alguna historia del pueblo. En este caso, era la historia de un vecino”. La organización defendió la obra como una manifestación legítima de libertad de expresión porque “no se puede censurar una obra simplemente porque a alguien le ofenda”.
La situación, agravada por la aprobación de una ordenanza municipal que exigía la autorización previa de los bocetos, llevó al MIAU a suspender el festival en la edición de 2024. “Nos vimos obligados a paralizar el festival. La censura no tiene cabida en un proyecto como el nuestro”, explica Javier López, quien también denuncia la retirada de subvenciones. Aunque la ordenanza fue finalmente revocada en septiembre de 2024, el conflicto dejó al descubierto una tensión más profunda entre la libertad artística y el control institucional.
Entrevista a Javier López. Fuente: Elaboración propia
Silenciar el muro: la censura en el arte urbano
Para artistas como Elías Taño, muralista comprometido con las luchas sociales, la calle se convierte en un lienzo de expresión política y resistencia artística. Taño, cuyo mural censurado en Fanzara abordaba la memoria histórica, denuncia una preocupante limitación a la libertad artística: “Cuando hablas de los muertos que tenemos en las cunetas, de nuestros abuelos, nuestros bisabuelos, la gente que murió por defender una república, te puede costar esa censura”. Para el artista, este episodio no fue un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia: “La censura que yo he padecido ha sido por romper con los consensos sociales. Parece que hay libertad de expresión, que los artistas tenemos absoluto libre albedrío para expresarnos como queramos, pero, sin embargo, cuando tratas temas en los que no hay un consenso, ahí se produce la censura”.
Sin embargo, esta no es la primera vez que Taño enfrenta este tipo de situaciones. En otra ocasión, su mural sobre los jóvenes acusados en el caso Alsasua fue vandalizado. “Molesta que el arte genere un diálogo. Parece que el diálogo siempre es una ruptura”, explica. Para él, tanto la censura institucional como la presión de ciertos sectores políticos y mediáticos reflejan una limitación real a la libertad de expresión artística en España.

Mural de Elías Taño sobre los presos de Alsasua. Fuente: Culturplaza
La artista María Martínez, conocida como Galleta María, también fue protagonista de un episodio reciente de censura por parte del Ayuntamiento de Rocafort (València) tras realizar un mural de apoyo a Palestina. “Me pareció un acto de cobardía y un ataque contra la libertad de expresión”, denuncia la artista. La censura de su obra generó una gran ola de solidaridad entre los vecinos de Rocafort, quienes se ofrecieron hacer unas pancartas, repintaron el mural con mensajes de niños y leyeron textos que hablaban sobre Palestina. “La gente fue un motor de movimiento y de incentivar a la gente a salir a la calle”, cuenta.

Mural de Galleta María en apoyo a Palestina (Rocafort). Fuente: Instagram (@galletamaria_pinta)
Para ella, lo ocurrido en Rocafort no fue un caso aislado, sino parte de una tendencia preocupante que se repite en otros municipios. "No ha sido solo el alcalde de Rocafort, han sido muchos otros y me parece que es un acto reprobable", insiste. “Lo que me pasa hoy a mí, en cualquier momento le puede pasar a cualquiera”, añade.
Clip de audio aportado por Galleta María. Fuente: Elaboración propia
Ambos casos evidencian cómo el arte puede chocar con barreras invisibles pero persistentes en nuestra sociedad. “Esa censura invisible de no contar contigo por tus ideas políticas es una cuestión que existe, y a la que yo me he acostumbrado”, concluye Taño.
Entrevista a Elías Taño. Fuente: Elaboración propia
El mural como objeto de estudio y de transformación
A pesar de los desafíos a los que se enfrenta –desde la censura institucional hasta la mercantilización–, el arte urbano sigue siendo una herramienta poderosa para la denuncia y la reivindicación social y política. A lo largo de la historia, el muralismo y el grafiti, no solo se despliegan como una práctica estética sino también como un objeto de estudio, de reflexión y de transformación social. “Fue la Iglesia Católica con los murales, los primeros que empezaron a darse cuenta de esa función didáctica, publicitaria o en este caso, bueno, instructora, que tenía la imagen”, explica Juan Canales, docente en la Universitat Politècnica de València (UPV) e investigador.
El grafiti ha cambiado la forma en la que percibimos el espacio urbano, rompiendo con el paisaje y convirtiendo muros y fachadas en nuevas narrativas. “Desde abajo, desde el grafiti, se cambió la imagen de la ciudad”, explica Canales. Asimismo, también defiende el valor poético y la gran capacidad de mensaje social: “A veces una pequeña intervención, no un gran mural, creo que aporta más poesía a lo cotidiano y a la vida de los ciudadanos y de las ciudadanas”. Desde la UPV, hace años que se impulsa el arte urbano desde una dimensión pedagógica, a través de su festival Poliniza Dos. Concebido como un espacio de creación y visibilización del arte urbano, el proyecto ha ido más allá del sentido de exhibición. “Nuestros mismos estudiantes estaban haciendo cosas en la calle, entonces, había un sentido, de continuidad, de naturalidad”, cuenta Canales, quien ha estado más de diez años coordinando el festival.
Además de su faceta académica, Canales también ejerce como investigador a través de la Asociación Española de Investigadores y Difusores de Graffiti y Arte Urbano (INDAGUE). Juan Canales y otros profesionales trabajan para preservar y poner en valor el arte urbano como parte del patrimonio cultural contemporáneo, ya que la defensa de la intencionalidad del artista es también la defensa del pensamiento crítico. “Si perdemos la vertiente cultural, nos quedará solo lo puramente crematístico”, afirma el docente.
Entrevista a Juan Canales. Fuente: Elaboración propia
La importancia de pintar en libertad
Quienes practican y defienden el arte como herramienta de expresión entienden que la libertad artística es más que un derecho: es la base misma del acto creativo. “Sin libertad artística yo entiendo que no puede haber arte”, afirma Javier López, director del MIAU, subrayando que esa libertad debe prevalecer incluso cuando incomoda o confronta. Elías Taño lo refuerza desde una mirada política y social: “La libertad de creación es uno de los pilares de una sociedad que se crea justa y solidaria”. Juan Canales, por su parte, alerta de lo que está en juego si se pierde esa dimensión crítica y cultural: “Si desaparece la intencionalidad del artista, desaparece una parte importante de nuestra cultura”.
El arte urbano, con su capacidad para romper silencios, denunciar injusticias o rescatar memorias olvidadas, se enfrenta a retos que van desde la censura directa hasta formas más sutiles de exclusión. Sin embargo, su fuerza radica precisamente en esa tensión: en su capacidad de incomodar, de generar preguntas y de ocupar un espacio que no siempre es bienvenido. Es por esto por lo que, donde algunos ven una pared, el arte encuentra una posibilidad. Un espacio desde el que pueden hablar quienes desean ser escuchados.