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La fotograf(IA) frente al arte humano

La inteligencia artificial (IA) y el debate sobre autenticidad, autoría y valor

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Robot con rasgos humanos. Fuente: Imagen generada con IA

A raíz del apagón nacional de esta semana, que obligó a las personas a observar el mundo sin pantallas durante horas, un 79'2% de los usuarios de ExpresArte que han contestado a una encuesta realizada a través de Google Forms, confiesa sentirse demasiado dependiente de la tecnología. De los 48 encuestados, un 42'6% asegura haber experimentado agobio, frustración o ansiedad durante la desconexión. Unos datos que invitan a reflexionar sobre el papel que ocupa la tecnología en la vida cotidiana y lo frágil que puede ser la sociedad sin ella. Esta dependencia tecnológica se hace aún más evidente al observar cómo la inteligencia artificial (IA) se ha integrado en las rutinas diarias de la gente. Desde generar planes de entrenamiento hasta organizar itinerarios de viajes, la IA ha revolucionado la forma en que se realizan las tareas diarias. Un 95'8% de las personas encuestadas conoce alguna de las herramientas de inteligencia artificial, como Chat GPT o Copilot. Entre quienes ya las han probado (un 87'5%), un 62'5% las ha empleado con fines personales como pedir recomendaciones de películas o la elaboración de recetas, y un 68'8% la ha empleado con propósitos profesionales o académicos. 


Además de su integración en la vida cotidiana y en tareas funcionales, la inteligencia artificial está comenzando a influir de manera significativa en el ámbito cultural y creativo. En las últimas semanas se ha producido un auge de la generación de imágenes con inteligencia artificial. Sobre todo destaca el caso de la creación de imágenes con estilo Ghibli y Pixar empleando Chat GPT. Un 91'7% de los usuarios encuestados asegura conocer sobre esta generación de imágenes, de los cuales un 10'4% lo descubrió por WhatsApp, un 29'2% por Instagram, un 31'3% por TikTok, un 8'4% por YouTube y un 12'6% por los medios de comunicación. Asimismo, un 73'3% de las personas consultadas reconoce haber probado en primera persona estas herramientas generativas. Los motivos que impulsaron su uso son variados: un 67'5% lo hizo por simple curiosidad, un 35% por diversión, un 20% con fines creativos o un 20% con fines laborales.

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Infografía con algunos de los resultados de la encuesta de ExpresArte. Fuente: Elaboración propia

Una mirada a la IA desde la divulgación cultural

La viralidad de estas imágenes generadas con IA ha conseguido miles de likes, comentarios y reflexiones, logrando que algunos creadores de contenido en redes informen y se posicionen al respecto. Desde su perfil como divulgadora cultural e historiadora del arte, Carla Serrano –conocida en redes como @la.inercia–  ha conseguido acercar el arte y la historia a sus más de 180.000 seguidores en Instagram a través de un lenguaje accesible, ameno y lleno de referencias culturales. Recientemente, motivada por este debate, no dudó en publicar en sus redes un carrusel informativo en el que reflexionaba sobre la autenticidad, la importancia del proceso y la manera en la que la IA puede ser una herramienta útil, siempre que no sustituya la sensibilidad humana que da sentido al arte.

Publicación de @la.inercia sobre la IA. Fuente:Instagram

«No me parece mal usar IA a nivel personal, lo veo entretenido, pero cuando la gente lo usa como un método artístico real, ahí ya me genera dudas», afirma Carla Serrano. De tal manera, la creadora de contenido subraya la importancia de no perder de vista el papel del autor y el proceso creativo humano: «No puedes poner un prompt y decir que has hecho una obra». La divulgadora no se declara ni en contra ni a favor de la IA, sino que insiste en la necesidad de matizar y pensar antes de usarla. «Si lo utilizas como explotación para ganar dinero, pues sinceramente, hay que darle una vuelta porque realmente no es tuyo, ni es de la IA, es de Miyazaki. Si no hubiese existido el estilo de Miyazaki, la IA no podría copiar el estilo Ghibli», señala. 

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Carla Serrano advierte también del riesgo de que esta tecnología se utilice como una medida para abaratar costes en lugar de como un recurso dentro de un proceso humano más amplio. «El problema está cuando grandes corporaciones, o incluso no tan grandes, ven en ello una posibilidad de ahorrarse un gasto», explica la divulgadora cultural. El verdadero dilema, sin embargo, no está en aceptar o rechazar la inteligencia artificial, sino en cómo se integra. ¿Puede convertirse en una aliada de la creatividad o está destinada a sustituirla? Según la encuesta realizada desde ExpresArte, un 21'8% de las personas imagina un futuro donde lo humano y lo artificial se mezclan en nuevas formas de arte, mientras que otro 39'6 % teme que la IA desplace a los artistas reales.

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Sin embargo, Carla Serrano apuesta por una visión menos alarmista: «La IA va a mecanizar sistemas y los artistas cogerán esa mecanización y crearán algo nuevo». Para ella, la clave no está en rechazar la tecnología, sino en asumirla como herramienta y reafirmar el protagonismo del creador humano.

Entrevista a Carla Serrano. Fuente: Elaboración propia

El reto de ser artista en tiempos de la IA

A medida que las herramientas de inteligencia artificial generativa ganan terreno, el mundo del arte vive una transformación acelerada impulsada por la inmediatez. En este contexto, algunos profesionales exploran sus posibilidades de convivir con la IA y otros la consideran una amenaza directa a su esfuerzo y autoría. Carla Parra, una joven ilustradora de Castelló, es clara sobre su postura: «Estoy en contra porque la gente externa al arte deja de valorar el esfuerzo y la creatividad del artista». Además, este cambio de percepción influye directamente en la forma en que los propios artistas se ven a sí mismos. «Dificulta mucho el creer en uno mismo, como ilustrador, como diseñador. No se valora igual el trabajo», afirma la ilustradora.

Diseño de Carla Parra. Fuente: Instagram (@carldesing_)

Este cambio en la apreciación del valor del arte también se refleja en la sociedad. Para poner a prueba esta idea, en la encuesta de ExpresArte se mostraron dos pares de imágenes — el primer par era un cuadro real (A) y otra una pieza generada por IA (B), el segundo par eran dos imágenes generadas por IA— y se pidió a los encuestados elegir cuáles consideraban que estaban generadas con inteligencia artificial.

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Imagen A. Óleo de Mario Urbina  Imagen B. Generada por Sora

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Imágenes generadas por StyleGAN2

A pesar de que la mayoría de los encuestados (un 57%) respondió que tal vez sería capaz de distinguirlas dependiendo de la imagen, en el primer caso práctico solo un 27'1% logró identificar correctamente la imagen artificial (B). En el segundo par de imágenes, ambas generadas por inteligencia artificial, el acierto descendió aún más, con solo un 12'5 % de respuestas correctas. Estos resultados reflejan no solo que mucha gente no está completamente segura de poder notar la diferencia, sino que también evidencia el realismo alcanzado por la IA.

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De este modo, frente a la cada vez más difusa frontera entre lo humano y lo artificial, el avance de la inteligencia artificial en el mundo del arte plantea una preocupación cada vez más común entre los creativos. Para Parra, la IA ha pasado de ser una herramienta útil para convertirse en un enemigo directo del trabajo artesanal. «Creo que la IA ha pasado de ser un aliado a un enemigo», confiesa la ilustradora. Según el artículo Generative AI could raise global GDP by 7% de Goldman Sachs, dos tercios de los puestos de trabajo podrían ser parcialmente automatizados por la IA. Lo que algunas personas ven como una ayuda puntual en el proceso creativo, para otros artistas supone una preocupación ya que sienten que su labor está siendo reemplazada. «Es un aliado en el caso de buscar referencias, de tener como un punto de apoyo, va muy bien. Pero a la hora de hacer un encargo, es cuando realmente se pierde el trabajo», explica Carla Parra.

Entrevista a Carla Parra. Fuente: Elaboración propia

Propiedad intelectual e impacto medioambiental

Según los datos obtenidos, un 39'6% de los encuestados desconoce que las IA utilizan imágenes ya existentes como material de entrenamiento, mientras un 68'8% cree que estas herramientas deberían regularse o limitarse en el ámbito artístico. Esta falta de conocimiento generalizado no solo refleja una desconexión entre el público y el funcionamiento real de estas tecnologías, sino que también agrava los desafíos éticos y legales que ya están siendo señalados por expertos. En este sentido, Raúl Montoliu, doctor en Sistemas Informáticos Avanzados y coordinador del grupo en Inteligencia Artificial aplicada y Análisis de Datos del Instituto de Nuevas Tecnologías de la Imagen (INIT) de la Universitat Jaume I de Castelló, alerta de estos riesgos asociados a las tecnologías generativas. En su opinión, la falta de transparencia es una amenaza real: «Debería ser delito publicar una fotografía, un vídeo o un texto como si fuera real sin decir que está hecho con IA. Ya nos piden que lo declaremos en artículos científicos. Eso debería extenderse a cualquier contenido digital». Además, advierte del caos jurídico inminente en torno a la autoría: «Los algoritmos se entrenan con imágenes creadas por alguien». Un claro ejemplo de ello es la demanda interpuesta a Meta en 2023, por utilizar libros con copyright pirateados vía BitTorrent para entrenar sus modelos de IA.

A ello se suma una preocupación medioambiental. Según un estudio de la Universidad de Massachusetts, el entrenamiento de los modelos de IA más grandes y populares, como GPT-3, produjo 626.000 libras de dióxido de carbono, lo que equivale aproximadamente a 300 vuelos de ida y vuelta entre Nueva York y San Francisco –el equivalente a 300 vuelos de ida y vuelta entre Madrid y Estambul–. Además, Morgan Stanley en su artículo Global Data Centers: Sizing & Solving for CO2 prevé que para 2030, los centros de datos emitan anualmente el triple de CO2 que sin el auge del desarrollo de la IA. «Ahora se está haciendo todo a lo bruto, como se están entrenando los modelos. No están preocupándose si consume agua, electricidad, da igual. Si hace falta entrenarlo y hay que pasarse 20 días, todas las máquinas de la empresa en marcha y consumen, se entrena y punto», afirma Raúl Montoliu. Sobre este consumo masivo, el 29'8% de las personas encuestadas indicó un nivel de preocupación intermedio, mientras que un 42'5% manifestó una alta preocupación, y solo un 27'7%, dijo no preocuparse nada. Estos datos muestran una tendencia clara. Aunque las posturas varían, una parte considerable de la población muestra inquietud por las consecuencias ecológicas de esta tecnología.

Entrevista a Raúl Montoliu. Fuente: Elaboración propia

La esencia de crear arte

La creciente desconexión entre la creación humana y la producción automatizada pone en evidencia una brecha cada vez más amplia en torno al valor del arte. A pesar de que un 43'8% de los encuestados, considera que según el contexto y el uso podríamos o no considerar arte las obras generadas con inteligencia artificial, una parte significativa (39'6%) sostiene que estas carecen de “alma humana”. 

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Estas tensiones entre lo tecnológico y lo artístico se hacen aún más evidentes en las opiniones recogidas. Carla Serrano lo expresa con claridad: «Como tal, las imágenes generadas con IA no tienen ningún valor. Ghibli existe porque alguien lo inventó. Si tú no creas algo desde cero, la IA no va a poder crearlo». Para ella, la esencia del arte sigue siendo profundamente humana. «Al final, la mente creativa siempre gana a la mente más matemática o lógica», añade.

 

Artistas como Carla Parra añaden otro punto de vista sobre el proceso artístico como experiencia expresiva. «La creatividad artística es algo fundamental. Un artista tiene que experimentar, no todo tiene que ser realista. Puedes expresarte como quieras, eso es lo importante». Además, destaca con firmeza la importancia de defender lo humano en el proceso creativo: «Hay que intentarlo, luchar. Y, sobre todo, la autenticidad humana no tiene nada que ver con la tecnológica».

 

Frente a estas posturas, Raúl Montoliu, quien se define como “más tecnológico” que artístico, plantea un enfoque más crítico: “Una cosa es reproducir y otra cosa es crear. Pero se llegará, no tengo ninguna duda». Y agrega: «“Si alguien está dispuesto a pagar dinero por un cuadro generado por la IA, será igual de arte que uno que sea todo verde». Con esta afirmación, Montoliu pone sobre la mesa un debate clave sobre si el valor artístico reside en el proceso de creación o en la aceptación social que recibe una obra.


La tecnología avanza, pero las preguntas permanecen. ¿La inteligencia artificial podrá sustituir la creatividad y autenticidad humana? La mayoría de los encuestados (66%) cree que no, y voces como la de Carla Serrano lo refuerzan al afirmar que “la IA no puede existir sin el artista”. Tampoco el arte puede existir sin su autor porque más allá de lo que una máquina pueda generar, sigue siendo la mirada, la emoción y la intención humana lo que define el verdadero acto de crear.

Minijuego sobre las imágenes generadas con IA. Fuente: Elaboración propia

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