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Ame Soler: «Lo que espero de mi arte es poder aportar un poco de color a estas luchas»
Entrevista con la artista detrás de Tres Voltes Rebel
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Ame Soler en el sofá de su casa durante la entrevista. Fuente: Elaboración propia
Ame Soler, la ilustradora valenciana que da vida a Tres Voltes Rebel, nos recibe en su casa de Algemesí. Nos abre la puerta con una sonrisa tranquila. Su hogar es un espacio abierto y luminoso, en armonía con su estilo personal y coherente con los valores que transmite a través de su arte. Las paredes, blancas como los lienzos donde plasma sus ideas, están decoradas con algunas de sus ilustraciones con colores suaves y dulces —como ella misma los describe— que contrastan con la contundencia de sus mensajes feministas y sociales. Cada detalle parece cuidadosamente elegido, como una muestra de quién es. Aunque su casa no es su taller, es un espacio en el que nacen las ideas de Ame Soler que dan sentido a Tres Voltes Rebel, un proyecto que desde 2017 utiliza el dibujo como herramienta de denuncia, aprendizaje y transformación social.
Nos invita a pasar al salón. Se sienta en el sofá con naturalidad mientras preparamos el set de grabación. Apenas muestra nervios. Habla con seguridad. Se muestra tan cómoda delante de la cámara como detrás de una hoja en blanco. Comienza contando que el arte siempre ha sido parte de su vida: «Supe desde bien pequeña que me quería dedicar al arte. Hice la carrera de Bellas Artes en València y después un máster de ilustración en Barcelona», cuenta Ame Soler con la claridad que la caracteriza.
Entrevista a Ame Soler. Fuente: Elaboración propia
«El arte es un arma de comunicación masiva»
Su forma de hablar expresa cercanía, como quien tiene una conversación con una amiga. Cuando le preguntamos por el origen de Tres Voltes Rebel, no duda en retroceder en el tiempo: «Aunque parezca mentira, todo empezó en primero de Bachillerato, en plena Primavera Valenciana, la revuelta de estudiantes por la educación pública». Aquella experiencia —ver cómo sus dibujos servían para crear pancartas, cómo el arte tomaba la calle para exigir derechos— marcó un antes y un después. «Entonces pensé, el arte es un arma de comunicación masiva, tiene mucha potencia a la hora de comunicar. Y por fin le encontré ese sentido que, a mí personalmente, me faltaba del arte».
Años más tarde, durante el trabajo final del máster en ilustración, Ame Soler pidió hacer algo distinto a lo habitual, más allá de una colección de moda o ilustraciones científicas: «Pedí permiso para hacer un proyecto de arte y reivindicación. Así nació Tres Voltes Rebel». Con aquella experiencia inicial y, una vez arrancado el proyecto, fue dando forma a una voz propia con la que ha sabido hablar sobre feminismo, derechos o identidad cultural.
El contexto social jugó un papel importante en el desarrollo de su proyecto. El auge del movimiento #MeToo, el caso de “La Manada” y las manifestaciones feministas masivas marcaron el momento social en el que su discurso tomó fuerza y sentido. «Yo estaba descubriendo el feminismo. Estaba entendiendo muchísimas cosas que me habían pasado y de repente tuvieron sentido. Estas cosas no me han pasado solo a mí porque he tenido mala suerte, sino que esto está dentro de un paraguas llamado patriarcado. Se me reestructuró la vida», narra Soler. Desde entonces, el proyecto ha sido una forma de compartir ese proceso personal con los demás. «No soy ninguna teórica del feminismo, ni un faro al que mirar. Pero comparto lo que a mí me hace bien», añade.
«El nombre de Tres Voltes Rebel habla de tres luchas: la lucha feminista, la lucha de clases y la lucha cultural»
La estética de Tres Voltes Rebel es una mezcla de dulzura visual y fuerza en el mensaje, una caricia que aguarda un grito. Aunque admite que «cuando se enfada hablando de ciertas cosas, se enfada mucho», sus ilustraciones siguen siendo suaves porque «es como a ella le salen cuando se siente en calma». Esa tensión entre forma y fondo es precisamente lo que da fuerza a su obra. «Es mi forma de comunicar y creo que eso, aunque parezca mentira, puede haber hecho que mi mensaje llegue a más gente de la que hubiera llegado». Para ella, la suavidad en el estilo visual también es una forma de poder hablar de temas duros.


























Carrusel de ilustraciones de Tres Voltes Rebel. Fuente: Instagram (@tresvoltesrebel)
Inspirado por el poema de Maria-Mercè Marçal, «el nombre de Tres Voltes Rebel habla de tres luchas: la lucha feminista, la lucha de clases y la lucha cultural», cuenta la ilustradora. Esta última, la defiende también desde la lengua. «La lucha cultural la tengo abierta porque hacerlo en valenciano creo que ya es una reivindicación. Es triste, pero es verdad». Además, señala que con frecuencia ha tenido que responder a preguntas como por qué no lo hace en castellano, o sugerencias de que así le iría mejor y tendría más oportunidades, evidenciando cómo incluso la elección del idioma se convierte en un acto reivindicativo.
Así como la lengua es una herramienta de resistencia, el feminismo recorre su obra con la misma contundencia. Es en su historia personal donde la lucha se vuelve más cruda y real. Cuando habla de su primer libro, la voz se le llena de orgullo, pero también de emoción contenida. Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar no era solo un proyecto editorial sino que era una puerta para abrir heridas y, a la vez, empezar a cerrarlas. «Aunque parezca mentira, yo tenía 23 años y escribí una autobiografía. Al principio dices ¿qué tienes que contar con 23 años?». A través de sus páginas abordó—e ilustró— cuestiones como la gordofobia, el tabú de la regla, la depilación e incluso la violencia machista. Todo aquello que, como ella dice, «vas empezando a conocer, poco a poco, a través del hecho de ser una mujer». Para ella, narrarlo fue liberador, pero también doloroso. Hasta entonces, nunca había verbalizado su experiencia dentro de una relación abusiva. Ni siquiera a su familia. «De repente les pasé el manuscrito del libro a mis padres y fue muy fuerte, pero para mí fue una liberación porque pasé de llevarlo en silencio a entender que había sido víctima de violencia machista». El libro la puso en contacto con otras muchas mujeres que le decían: «Ame, parece que has contado mi vida». Ante esto la ilustradora confiesa que es bonito, pero también triste porque revela hasta qué punto esas vivencias son colectivas y estructurales. «Todas estas historias tienen una explicación y es el machismo tan arraigado en la sociedad», cuenta Ame Soler.
Post promoción de su libro. Fuente: Instagram
«Me veía incapaz de dibujar mientras la gente estaba por la calle como estaba»
Lo ocurrido durante la DANA en el territorio valenciano fue un punto de inflexión también en su día a día. «No os lo puedo explicar con palabras», describe. Consciente de la visibilidad que tiene en redes —donde la siguen más de 115.000 personas y donde suele compartir su arte—, se enfrentó al dilema de cómo actuar en un momento tan delicado. «Eran unos días muy complicados, y a la hora de gestionar unas redes así de públicas era muy fácil equivocarse. Yo no quería ofender a nadie ni quería obstaculizar nada», añade. Por ello, decidió no hacer ninguna ilustración al respecto. No porque no tuviera nada que decir, sino porque entendió que, entonces, su papel tenía que ser otro. «En aquel momento, era una vecina más y pensé que era mejor gastar las horas ayudando que dibujando», cuenta la ilustradora. Repartió comida, compartió información contrastada en redes, se implicó como cualquier otra persona del pueblo. Y con eso tuvo suficiente. «Me veía incapaz de dibujar mientras la gente estaba por la calle como estaba», expresa Ame Soler.
Eso sí, tiene claro que el arte puede ser una herramienta potente de denuncia y visibilización: «La ilustración siempre ayuda a comunicar un poquito más que el texto». Pero también sabe reconocer cuando hay que dejar el lápiz para poner las manos al servicio de la comunidad. «No gasté Tres Voltes Rebel como herramienta artística en ningún momento, porque no me veía con fuerzas. Quizás si me hubiera pillado un poco más lejos lo hubiera hecho», añade la ilustradora.
«Lo pasaba mal porque pensaba que no estaba a la altura de las expectativas que las personas tenían de mí al seguirme en redes»
Con el tiempo, las redes han sido para Ame Soler tanto un impulso como un reto. Cuando el proyecto empezó a crecer, sintió que todo iba demasiado deprisa. «Me puse en manos de una psicóloga. Le dije que me había abierto un Instagram como proyecto de ilustración, que estaba yendo bien y que me preocupaba cómo gestionarlo», confiesa Soler. No era solo la sobreexposición, sino la expectativa ajena. «Lo pasé mal porque pensaba que no estaba a la altura de las expectativas que las personas tenían de mí al seguirme en redes», añade. Sin embargo, con ayuda entendió que su trabajo «no era más importante que el de ningún otro». Aquella visión le ha permitido también cuidarse. «Mi psicóloga me dijo que la diferencia era que mi trabajo era público y que el del resto no», explica. Escuchar esas palabras admite que le dio «la paz que necesitaba».
Su presencia en redes le ha permitido escuchar historias de otras personas que han encontrado en sus ilustraciones una forma de empezar conversaciones difíciles. «Hay quien me ha dicho que ha dado mi libro a su madre para que se lo leyera y eso ha iniciado una conversación. Me parece muy bonito», reconoce Soler. Por el camino también han aparecido voces críticas, pero no le han pesado demasiado. «Soy una persona que apenas tiene haters o, al menos, no vienen a decírmelo», explica la artista.
Sus ilustraciones han conseguido traspasar las redes sociales y llenar las calles en forma de pancartas durante las manifestaciones del 8M, del Pride o del 25N. Y esto, admite que es lo que más la ilusiona. «Solo pensar que una ilustración que he hecho pensando en una lucha que para mí es esencial y justa representa suficientemente a una persona como para llevarla en una manifestación, lo es todo», cuenta orgullosa. Porque, al final, esto es lo que buscaba Ame Soler desde el principio, que el arte tenga una razón social. «Cuando veo que esto pasa, pienso que he conseguido aquello que quería», confiesa.
Post ilustraciones 8M. Fuente: Instagram
«Me he sentido libre para hablar de lo que me ha dado la gana y espero seguir sintiéndome libre siempre»
Al hablar del futuro del proyecto no lo tiene claro, pero le gusta no saberlo. Para ella, la incertidumbre es una prueba de honestidad. «Eso quiere decir que seguirá siendo sincero y formando parte de mi yo y evolucionando conmigo», afirma la ilustradora. Por ahora, lo que sí tiene claro es el deseo de seguir usando el arte como una forma de lucha y resistencia. «En realidad, lo que espero de mi arte es seguir siendo capaz de transmitir aquellas cosas que me preocupan y poder aportar un poco de color a estas luchas», añade.
Tres Voltes Rebel no es solo un proyecto artístico es su manera de decir, de incomodar y de existir. «Mi proyecto es absolutamente político», confiesa la ilustradora. Asume que sus mensajes pueden dejarla fuera de ciertos espacios, pero prefiere eso a silenciarse. Su única línea roja, dice, es no hablar de lo que no sabe. En el fondo, todo su proyecto gira en torno a una palabra que ella repite como un mantra: libertad. «Me he sentido libre para hablar de lo que me ha dado la gana y espero seguir sintiéndome libre siempre», declara. Libertad para hablar con claridad, para denunciar lo que considera injusto y para no adaptarse al molde. Y si eso le cierra puertas, lo tiene claro: «Me contratará otra persona o me buscaré la vida como sea. Pero yo prefiero seguir denunciando lo que he denunciado y lo que quiero denunciar». A través de Tres Voltes Rebel, Ame Soler ha dibujado un camino donde ExpresArte también implica rebelarte con libertad, creatividad y voz propia.
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Ruleta "Descubre que ilustración de Tres Voltes Rebel te toca". Fuente: Elaboración propia